lunes, 19 de octubre de 2009

EL CORPUS CHRISTIE


Esta tradición que se estableció por iniciativa del Obispo de Lieja en 1264, fue institucionalizada bajo el papado de Urbano IV, llegó a nuestro país con los españoles y se trata de una fiesta de carácter religioso, celebrada en casi todos los municipios del Tolima, en algunos con un carácter eminentemente solemne donde prima lo religioso sobre lo festivo, mientras en otros el bullicio y la alegría eclipsa un poco la celebración religiosa. De cualquier forma, el simbolismo religioso se encuentra siempre presente en el parque principal que representa el paraíso en la arquitectura colonial heredada de la madre patria, el cual se adorna con arcos y altares, decorando los frentes de las casas con gran colorido, mientras la gente que no hace parte de los desfiles y las comparsas de matachines, rolos, cucambas o negritos, lucen sus mejores galas.

A las cinco de la mañana se escucha el primer toque del alba en los que se confunden los repiques de campana con los alegres aires de bambucos, pasillos, guabinas, porros y sanjuaneros de las bandas musicales, complementados con un sinnúmero de explosiones de pitos y voladores, en un cortejo de bulla y alegría con el que se llama a la población a participar en la más importante fiesta local. Mientras unos salen a recorrer las calles del municipio acompañando a los convocantes fiesteros, otros se quedan en sus casas colocando en sus frentes los adornos alusivos a la fiesta (altares, blasones, imágenes de santos o máscaras), mientras otros se dirigen al parque con guaduas y festones para adornar los arcos con frutas, panes, artesanías y productos agrícolas de la región o a brindar su apoyo a las beatas que con esmero y prontitud montan los altares ubicados en cada esquina del parque, en los que se detendrá la solemne procesión a celebrar un acto litúrgico especial destacando la magnificencia del Cuerpo de Cristo y toda la significación de la reafirmación de la fe en Cristo Sacramentado.

En medio de un cálido y festivo ambiente, en el que la chicha de maíz o la cerveza empiezan a correr como el río Magdalena, a lo lejos se escucha el retumbar de las tamboras y el alegre canto de las flautas, chuchos, tiples y guitarras, que anuncian la llegada de las comparsas y las danzas que venidas de otros municipios o de la zona rural de la población, recorrerán durante todo el día sus calles en procura de obtener unas cuantas monedas, un bocado de comida o un trago de cerveza, mientras se gozan la jornada. Allí es fácil encontrarse con un grupo de matachines (personas ataviadas con trajes multicolores elaborados de retazos, con sus rostros cubiertos con máscaras alusivas a animales de la región con gestos macabros y en sus manos largos palos de fina madera con los que elaboran la barbacoa para subir al diablo o a la matachina).

En cualquier esquina se encontrará también la danza mitológica en que bailan el mohán y la patasola, la madremonte y la llorona, el tunjo y el sombrerón, la madre de agua y la candileja, la mancarita y el guando; en fin, toda una comunidad de mitos y leyendas del Tolima que alegra la festividad de Hábeas. Y más allá de u n grupo de indios catufas o pijaos o una numerosa familia compuesta por un barbero y su fiel esposa –la famosa familia Castañeda-, seguidos de una gran prole de hijos que representan diversos quehaceres, también saludarán nuestra presencia en esta festividad que busca exaltar desde el campo religioso, representado por la eucaristía, la alegría del pueblo tolimense.

El Corpus Christie en el Guamo es una mezcla de elementos hispánicos e indígenas, de danza aborigen y auto sacramental a la que en los últimos años se le han agregado elementos como los desfiles de bandas marciales y el festival departamental de danzas Inés Rojas Luna, que organizan la Casa de la Cultura y la Red Folclórica del Tolima.

EL SAN JUAN


Es la más grande celebración del Tolima y por antonomasia es considerada la fiesta oficial del departamento. Desde el anochecer del 23 de Junio hasta el amanecer del 25, el Tolima es una sola fiesta porque se celebra el día del San Juan, que para los indígenas era la festividad del Inti Raimi o festejo al Dios Sol, concepto que cambió sustancialmente con la llegada de los españoles, quienes impusieron su calendario religioso. Se inicia la celebración con la tradicional alborada en la que el pueblo entero goza al compás de las bandas musicales, la quema de pólvora y las tradicionales comparsas de matachines y mitos. El aguardiente corre a mares; llegan los campesinos con sus cargas y se instalan en la plaza de mercado para ofrecer sus productos y en medio de este bullicio se encuentran también los mitos y matachines, las chismosas y los borrachos, las coquetas y las solteronas recatadas, en fin, en la plaza de mercado se funde el mundo parroquial con el jolgorio y la alegría.

En medio de la algarabía se realizan los juegos tradicionales (despecuezada de gallos, carreras de encostalados, la vara de premios llamada cucaña, carreras de caballos y de marranos enjabonados, cucunubá, etc.). También se organizan las corridas de toros o corralejas y en las noches de San Juan los juegos pirotécnicos, irrumpe el grito de “iiiiiii San Juan, San Juan, San Juan!, y una colorida y estruendosa vacaloca da paso a la alegre ejecución de aires que como “el Sanjuanero”, “el contrabandista”, los bambucos fiesteros, “San pedro en el Espinal”, del maestro Milciades Garavito; “Ojo al Toro”, de Cantalicio Rojas; “El Natagaimuno”, “El Ibaguereño”, “El Sanjuanero Tolimense”, de José Ignacio Camacho Toscano, alegra las fiestas del San Juan.

Según la antropóloga Susana Friedmann en su obra “Las Fiestas de Junio en el Nuevo Reino”, afirma que “la fiesta de San Juan tiene atributos que le señalan un origen antiquísimo, cuyas raíces vienes de cultos paganos anteriores a la era cristiana, pues se trata de una de esas festividades que abundan en manifestaciones de evidente carácter simbólico que despiertan curiosidad y asombro, ya que al mirarlas superficialmente, parecen desligadas de toda lógica y razón, pero que al analizarlas detenidamente, presentan un extraordinario testimonio de de costumbres que existen desde tiempo inmemorial y que pertenecen a un ritual de ancestro universal que solamente bajo el cristianismo llegó a converger en la celebración del natalicio de San Juan Bautista.

En el mes de junio, muchos pueblos a nivel mundial históricamente han celebrado festividades alusivas al Sol, pues en civilizaciones antiguas como la Egipcia, la Romana, la Maya, Inca, así como en la mitología Chipcha se considera al Sol como un dios principal, por su carácter de propiciador de la vida de los hombres, de animales y plantas. Estas celebraciones se llevaban a cabo en torno al solsticio de verano, período en que el sol llega a su máxima latitud en el hemisferio boreal cuando los días se hacen más largos y las noches más cortas. Paulatinamente la festividad cristiana reemplazó a la pagana tal como sucedió en la Edad Media con otras fechas del calendario solar y lunar.

En el departamento del Tolima se celebra a nivel general la fiesta del San Juan con especial fervor, pero esta celebración se desarrolla muy particularmente en los municipios de El Guamo, Ortega, Coyaima, Natagaima y Valle de San Juan, donde aún se puede observar el embarque de San Juan por los diferentes ríos que bordean estas localidades. A estas celebraciones se les agregan eventos como los reinados populares, cabalgatas, desfiles de carrozas, verbenas barriales, etc., que convocan la presencia de gran cantidad de gentes que llegan de municipios vecinos, zonas rurales y desde otras regiones y países, para gozar de, participar, presenciar y estudiar estos festejos populares.

BIBLIOGRAFIA


ÁLVAREZ, Blanca. Raíces de mi Terruño, la Enciclopedia Folclórica del Tolimense. Tercera Edición, imprenta Departamental, páginas 477 y 478.

FRIEDMANN, Susana. Las Fiestas de Junio en el Nuevo Reino. Edición conjunta del Instituto Caro y Cuervo y el Patronato Colombiano de Artes y Ciencias. Editorial Kelly Bogotá, 1982, páginas 78 y 79.

LOZANO, Galindo Edgar Leonidas, “Matraca”. Mitos y Leyendas del Tolima Grande, en Enciclopedia del Folclor Terrígeno.

TOLIMA Siete Días. Así es mi Tolima. Periódico Tolima Siete Días 2004, página 51.